Antes
El hombre y la mujer estaban sentados en el sofá. Sus cuerpos no se tocaban. Entre ellos quedaba un espacio para otra persona. La mujer sujetaba el mando a distancia con una mano. No miraba la pantalla. Miraba a la mujer de pelo largo oscuro, que estaba de pie en el centro de la habitación, de espaldas a ellos. La mujer del sofá movía el pulgar sobre los botones del mando, hacia arriba y hacia abajo.
La mujer de pie llevaba un vestido de flores. Giró la cabeza sobre el hombro. Su mirada pasó por encima del hombre y se clavó en la otra mujer. La mujer del sofá apretó el mando. La luz de la tele se apagó. La habitación quedó en penumbra. La única luz venía del pasillo, a sus espaldas.
El hombre se arregló un rizo en la frente. La manga de su sudadera roja se subió. Apareció el tatuaje en su antebrazo. Un diseño geométrico, negro. La mujer del sofá bajó la vista a sus propias piernas. Sus shorts de mezclilla estaban arrugados. En su muslo, una flor tatuada asomaba por el borde de la tela. El aro de su ombligo captó un tenue reflejo de la luz del pasillo.
La mujer del vestido dio un paso. Luego otro. Se dirigió a la puerta sin mirar atrás. Sus pies no hicieron ruido sobre el suelo. La mujer del sofá dejó el mando sobre el cojín que separaba su cuerpo del del hombre. El objeto negro destacaba sobre la tela clara.
La mujer de pelo largo salió al pasillo. Su silueta se difuminó en la luz amarillenta. La puerta no se cerró del todo.
El hombre se levantó del sofá. Se quedó de pie detrás del respaldo. Desde allí, miraba la puerta entreabierta. La mujer permaneció sentada. No se movió. Inclinó la cabeza hacia el lugar que el hombre había ocupado. Allí, el cojín conservaba la hendidura de su cuerpo.
Pasó un minuto. El hombre no se movía de su sitio. Respiraba con calma. Sus manos agarraban el borde superior del sofá. La mujer, todavía sentada, estiró el brazo. Su mano con uñas cortas tocó el mando a distancia. Lo empujó. El mando cayó al suelo, entre el sofá y la mesita auxiliar. No hizo un ruido fuerte. Cayó sobre una alfombra.
Ella se levantó entonces. Se estiró la parte inferior del top amarillo. Caminó hacia la puerta con decisión. Sus botas sonaron sobre el parquet. Pasó junto al hombre sin mirarlo. Salió al pasillo. La puerta se quedó como estaba, entreabierta.
El hombre soltó el respaldo del sofá. Sus dedos dejaron marcas leves en la tela. Dio la vuelta al mueble. Se dejó caer sobre los cojines. Se quitó las zapatillas. Luego, con movimientos lentos, empezó a desabrocharse los vaqueros.
El movimiento
Salida
La mujer con el vestido de flores salió de la habitación.
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El hombre se levantó del sofá. Se colocó detrás del respaldo. La otra mujer permaneció sentada. Sus dedos tocaron el borde de un cojín.
Quedarse solo
La mujer del top amarillo se fue a otro cuarto.
Él se recostó en el sofá. Se desabrochó los jeans. La prenda quedó en el suelo. El aire rozó la piel de su pierna con el tatuaje.
La puerta seguía abierta.
Vuelta
La mujer de pelo largo y oscuro regresó a la habitación. Su vestido de flores se movió alrededor de sus rodillas. Cruzó el espacio entre la puerta y el sofá sin prisa. El hombre había dejado sus jeans en el piso y estaba acostado boca arriba. Ella se arrodilló en el suelo, junto al sofá. Inclinó su cuerpo sobre el suyo. Su boca encontró la suya.
El hombre no se movió al principio. Sus manos permanecieron a los costados. Luego, una de sus manos se posó en su espalda. La presión fue ligera. La otra mano se cerró sobre el borde del cojín. La mujer de pelo oscuro pausó el beso. Se enderezó un poco. Sus dedos recorrieron la línea de la mandíbula del hombre. Después, volvió a bajar. Su boca se apoyó en su cuello. Se mantuvo así un minuto, quizás dos. El hombre giró la cabeza hacia la pared. Ella se levantó entonces del suelo.
En la habitación quedaron:
- Los jeans del hombre en una pila.
- El control remoto bajo la mesita.
- Un cojín del sofá ligeramente torcido.
- La luz de la lámpara sobre ellos.
- El eco de sus pasos en la madera.
La cama
Él se levantó del sofá y la siguió a la habitación. Ella caminó directamente hacia la cama. Él la tomó de la cintura y la giró. Cayeron sobre el colchón, él encima de ella. La pintura de flores en la pared quedó justo en su campo de visión.
Los primeros movimientos fueron lentos. Un ajuste de peso. Un brazo que buscaba apoyo. La tela de su vestido se arrugó bajo su cuerpo.
Luego, él se incorporó sobre sus rodillas. Se quedó un momento así, mirándola. Ella no movió las manos de sus hombros. Él desabrochó su propia camiseta roja y la dejó caer al suelo, al lado de la mesita de noche.
Después, las cosas cambiaron de lugar.
| Qué hacía ella | Qué hacía él |
|---|---|
| Yacía boca arriba | Se arrodilló sobre la cama |
| Mantuvo las manos en sus hombros | Se quitó la camiseta |
| Se incorporó sobre los codos | La tomó de las caderas |
| Se dejó guiar | La giró |
| Se arrodilló frente a la cabecera | Se colocó detrás de ella |
| Agarró los barrotes de la cama | Ajustó su posición |
El cambio de postura fue rápido. Él se puso de pie junto a la cama. Tiró de sus caderas para acercarla al borde. Ella se apoyó en las manos y las rodillas, mirando la almohada. La nueva quietud fue más pesada que la anterior. Solo el sonido de la respiración y el crujir leve del colchón llenaban el minuto siguiente.
Después
Ella se movió encima de él. Se impulsó con las rodillas, un ritmo lento al principio. Su pelo oscuro le cubría los hombros. La flor del vestido se arrugaba sobre sus muslos. Sus manos estaban en su cintura.
Él yacía boca arriba. Sus manos se cerraron en las sábanas. Su respiración era más profunda. No abrió los ojos.
El movimiento de ella cambió. Se volvió más rápido. Más decidido. Inclinó la cabeza hacia atrás. La línea de su garganta se tensó.
Un sonido salió de él. Un suspiro ronco. Sus párpados se cerraron con más fuerza.
Ella se detuvo. Quedó quieta, con las manos apoyadas en su pecho. Lo miró. Él no se movió. La habitación guardó silencio. Solo el sonido de la respiración de ambos llenaba el espacio.
Ella se incorporó. Se bajó de la cama. Sus pies tocaron el suelo. Caminó hacia la puerta sin mirar atrás.
Él permaneció allí. Sin prisa. Sin movimiento. La huella de su cuerpo aún estaba en la sábana.